Votar con el bolsillo

Que digo yo que, el próximo diez de noviembre, ya sabes, en las elecciones generales, ni con el corazón, ni con la cabeza; más nos vale ir pensando en votar con el bolsillo. Sí, todo lo prosaico que quieras, pero verás: lo mismo da si lo que te entretiene es ir incendiando contenedores e impidiendo el ejercicio de los derechos ciudadanos a los que no piensan como te han dicho que tienes que pensar, para que tu insignificante patria chica sea lo que no será nunca. No importa si, por el contrario, te enroscas en la bandera nacional, la de todos, como si fuera solo tuya, y te crees el salvador y guardián de las esencias de la reserva de valores de occidente. Es igual que aplaudas una exhumación extemporánea y electoralista que no hace sino remover, más allá de la losa de una tumba, viejos fantasmas que habíamos conjurado y solo tú -y cuatro más- consideras útil resucitar; o que, por el contrario, consideres que se atenta a tu historia, tus convicciones y las bases mismas de l...