Más que agua de regadío
La riada llegó a Madrid y desbordó los márgenes del Paseo del Prado, entre Cibeles y la Plaza de Carlos V, ante el Palacio de Fomento, sede del Ministerio de Agricultura y varias cosas más. Y tampoco aquí llevaba agua sino, más bien, lamento por su falta, el lamento que anega la huerta de Europa, en el sureste español. Los que vivimos en Madrid sobrellevamos con resignación ser el manifestódromo del país, así que el forzoso desvío por los estrechos laterales de la vía más importante de la capital apenas oyó otros pitidos que los de los manifestantes. Y a uno, que vive todavía el tema del agua como propio, murciano de adopción al cabo, hasta le hacía cierta ilusión ver los rostros bronceados bajo las gorras de las asociaciones de regantes y de algunas empresas agrícolas que habían desembocado a su personal en la Villa y Corte. Porque no todos los rostros bronceados que pasaban ante la estatua de Velázquez eran de potentados terratenientes curtidos al sol. Había much...